sábado, 27 de agosto de 2011

Diez razones para no envidiar a los ricos

1. Nunca tienen certeza de la sinceridad del afecto de quienes les rodean. El amor puede ser prostitución encubierta, la amistad, nudo interés.

2. Su mente carece de sosiego. Gestionar el capital debe ser una de las actividades más absorbentes y estresantes. En un mundo de competencia feroz, el miedo a perder lo conquistado y el ávido deseo de incrementarlo destruyen la serenidad.

3. Cuanto mayor es la riqueza acumulada mayor es la responsabilidad en el sufrimiento humano que con ella podría aliviarse.

4. Inventar una coartada para liberarse de tal cantidad de culpa supone renunciar a la racionalidad moral, a la justicia y a la empatía, lo que es tanto como deshumanizarse. Solo quedan tres opciones: creerse las propias mentiras (con lo que se volverá estúpido); no pensar (con lo que volverá frívolo); dar como buena la ley de la selva (con lo que se volverá cínico).

5. Existe el riesgo de que el rico se valore por lo que tiene y no por lo que es, con lo que el sentimiento resultante será una autoestima precaria, que necesitará recurrir permanentemente a la ostentación para afirmarse.

6. El mecanismo de la adaptación hedónica –habituación o acostumbramiento– convierte en ceniza todos los placeres, por muy sofisticados que sean. Cambiar de palacio para un rico es menos placentero que adquirir un piso de protección oficial para un pobre. El disfrute depende de las expectativas que se tengan y de la capacidad de gozar, escasamente de los bienes poseídos. Infinitamente superior es el tiempo libre como factor facilitador de la felicidad.

7. La excesiva protección del entorno los debilita psicológicamente para afrontar la adversidad, la enfermedad o la muerte, que tarde o temprano los alcanzan.

8. Acostumbrados a la adulación pierden el sentido de la igualdad, base de la amistad y la fraternidad humana.

9. Por estar tan atentos al precio se vuelven ciegos al valor. Amar y ser amados, tener buen humor, pensar, pasear, reír, practicar sexo, dar las gracias, crear, leer un libro, conversar o respirar relajadamente no se compran ni se venden y son las actividades que más felices nos hacen.

10. Trasmiten a sus pobres hijos estas graves privaciones, perpetuando su sufrimiento en sucesivas generaciones. Agravadas por el hecho de que ni siquiera han luchado para obtener lo que tienen. Lo que los convertirá, salvo contadas excepciones, en fanfarrones, intolerantes a la frustración, obtusos, prepotentes, consumistas e inútiles.

Fuente: El alma y sus oficios

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